No podía deshacerse de los pensamientos obsesivos sobre su cercanía, recordando cada poderoso movimiento y el temblor que se apoderaba de todo su cuerpo. En ella coexistían de una manera extraña la ternura y la sed desenfrenada: estaba lista para pertenecerle por completo, disolviéndose en su poder. La anticipación hacía que sus sentimientos fueran casi tangibles, y ahora se quedó quieta, esperando la noche cuando pudiera volver a perderse en sus brazos.